Cambio de discos y pastillas de frenos. Todo lo que necesitas saber para circular seguro

Cambio de frenos

Cambio de discos y pastillas de frenos

El sistema de frenado es uno de los principales elementos de seguridad de nuestros vehículos. Integran, junto con las llantas y los amortiguadores, el llamado triángulo de seguridad. Por tanto, es importantísimo conocer este sistema, familiarizarse con cualquier señal que indique desgaste o un funcionamiento inadecuado. Tu seguridad y la del resto de usuarios en la carretera depende de ello. Así que, si sientes alguna de estas señales en tus frenos, por favor, visita un mecánico lo antes posible.

Nociones básicas

Cambio de discos y pastillas de frenos

Antes de pasar a analizar cuáles son las señales que indican que tu sistema, discos o pastillas de frenos necesitan mantenimiento o cambiarse, debemos entender unas nociones básicas sobre las partes de este sistema y su funcionamiento:

  • Sistemas mecánicos, hidráulicos y electrónicos, activados a través del pedal de freno.
  • Zapatas, tacos o pastillas de freno: Detienen los rotores mediante rozamiento. Pueden ser de disco o de tambor. Puedes encontrarlas de cerámica, orgánicas, semimetálicas o metálicas.
  • Sistemas de ayuda electrónicos. Todos conocemos el ABS que ayuda y controla la función de frenada para evitar la pérdida de control del vehículo. Menos conocidos son los sistemas electrónicos de detección de obstáculos para evitar colisiones que activan automáticamente los frenos o, menos sofisticados, avisan al conductor.
Esquema del sistema de frenos

Por la naturaleza de los sistemas de frenos, es muy habitual que su deterioro sea progresivo. Ahí es precisamente donde reside el mayor peligro. Los conductores tenemos tendencia a adaptarnos poco a poco a un funcionamiento deficiente, que progresa o ha progresado de manera gradual, hasta que termina pareciéndonos normal.

Señales de fallos en los frenos

Primera señal: pedal de freno blando, sensación viscosa

Hay que estar muy atentos a esta señal. Suele venir muy progresivamente porque su causa está normalmente ligada al sistema de líquido de frenos. Puede existir una pequeña fuga, puede haber entrado algo de aire o tratarse de un defecto en la bomba del líquido o en los bombines.

Este circuito debería ser totalmente estanco. El líquido en su interior es incompresible, mientras que el aire que entra sí puede comprimirse. Si ha entrado aire en este circuito, este se comprime bajo la presión del sistema. Por ello, se da esa sensación viscosa o esponjosa.

Segunda señal: pedal de freno demasiado duro

Aunque hay vehículos, como los deportivos, cuyo pedal de freno es duro, esto no es habitual para la mayoría de los vehículos. Si sientes que tu pedal está demasiado duro, es probable que tengas un problema con el sistema de servofreno. Este sistema añade fuerza y presión al circuito para que pueda realizarse la frenada de manera más efectiva.

Es muy importante que cuando sientas dicha señal, lleves el vehículo al taller lo antes posible. Sin el sistema de servofreno, no podrás detener el vehículo, incluso a velocidades bajas. Es incluso aconsejable que pienses en un transporte para el vehículo al taller (grúa) o bien que contrates un mecánico a domicilio. La buena noticia es que ambos servicios se ofrecen fácilmente y a muy buen precio en Camarounds.

Tercera señal: ruido y vibración al frenar

Si notas una fuerte vibración en la dirección al frenar o un chirrido proveniente de las ruedas, es posible que sea el momento de cambiar los discos de freno. Estos pueden deteriorarse, no sólo por el desgaste de las pastillas, que los “arañan” (si están muy gastadas) o les hacen disminuir su grosor, sino también por el calentamiento de la frenada, que puede incluso hacer que se doblen.

Cuarta señal: Distancia de frenada más larga de lo habitual

Este problema suele aparecer muy lentamente, por lo que es habitual que sea difícil de detectar. Solemos ir acostumbrándonos poco a poco, como explicábamos antes, al comportamiento anómalo del vehículo. A veces, cuando cargamos nuestro vehículo con un peso inusual es cuando nos damos cuenta de que la distancia es demasiado larga. En dicho caso, toca hablar con nuestro mecánico.

Lo más frecuente es que se trate de un desgaste del sistema pastilla-disco o zapata-tambor, aunque también puede ser debido a problemas con los servofrenos o el circuito.

Un mantenimiento regular de las pastillas o las zapatas suele ser una buena manera de prever este problema. Es una buena inversión que, además de ahorrarnos mayores costes como el remplazo de los discos, puede salvarnos de un accidente.

Prevención

Cambio de discos y pastillas de frenos

Como indicaba anteriormente, el mantenimiento regular suele ser la mejor manera de prevenir el deterioro del sistema de frenado. Ya sabes que puedes utilizar Camarounds para encontrar un buen mecánico de confianza.

Aunque depende muchísimo del uso que le des al vehículo (conducción urbana, en autopista, etc.), así como de tu tipo de conducción (velocidad baja, aceleraciones frecuentes, etc.), lo normal es que las pastillas delanteras deban cambiarse cada 30.000 – 60.000 km y las traseras cada 80.000 – 120.000 km. Esto sucede cuando aproximadamente les quedan a tus pastillas un 30% del grosor o, en otras ocasiones, los fabricantes hablan de 2mm de grosor mínimo. Es importante no apurar demasiado. No merece la pena, ya que afecta a tu seguridad y puedes dañar los discos. Recuerda que las delanteras suelen desgastarse el doble que las traseras. Lo mejor es verificar el grosor y estado de las pastillas cada 20.000 km. Una vez hecho el cambio de pastillas, se aconseja que en los primeros 100 kilómetros se use el freno de forma suave para garantizar la vida útil de las pastillas.

En cuanto a los discos, estos suelen cambiarse cada dos cambios de pastillas, por tanto, cada 100.000 – 120.000 km para los discos delanteros y cada 200.000 km aproximadamente para los traseros. De todas formas, estas son guías muy generales y debes estar atento a las recomendaciones del fabricante; en ocasiones recomiendan cambios en las pastillas de freno mucho más frecuentes, cada 15.000 km, por ejemplo.

Además de las pastillas, hay que pensar en el líquido de frenos. En este caso, es recomendable reponerlo cada 40.000 – 50.000 km o cada dos años si aún no has llegado a esa cantidad de kilómetros.

Si tu vehículo utiliza frenos de tambor en las ruedas traseras, se recomienda cambiarlos cuando cambies el kit de freno entero. Suelen llegar a durar cerca de 100.000 km. Estos frenos son sensibles y requieren un mantenimiento adecuado. Pueden averiarse, por ejemplo, por tener el líquido de frenos bajo mínimos.

Finalmente, otra forma de prolongar la vida de nuestros frenos es con una conducción progresiva que anticipe frenadas innecesarias: levantar el pie del acelerador cierto tiempo antes de acercarse a un cruce, mantener una buena distancia de seguridad con el vehículo que está delante de nosotros, utilizar el freno motor en los descensos, etc. De esta manera, no sólo estarás protegiendo tus frenos, sino ahorrando combustible y haciendo algo bueno por el planeta.

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